Georgescu-Roegen


Nicholas Georgescu-Roegen  fue un matemático rumano, estadístico y economista, mejor conocido por su obra de 1970/1971 La ley de la entropía y el proceso económico (The Entropy Law and the Economic Process, en el original en inglés), en el cual se establecía la visión de que la segunda ley de la termodinámica gobierna los procesos económicos, es decir, que la "energía libre" utilizable tiende a dispersarse o a perderse en forma de "energía restringida".

Su libro se considera la obra fundacional en el campo de la termoeconomía. Fue el primer economista que habló de termodinámica y entropía.


Biografía


Estudió matemáticas en la Universidad de Bucarest, donde se graduó en 1926. Tras conseguir una beca, fue a estudiar a la Universidad de París, donde su interés se volvió hacia la estadística y la economía. Se doctoró en 1930, con una tesis sobre los componentes cíclicos latentes en las series temporales. Una nueva beca le permitió proseguir sus estudios durante dos años en elUniversity College de Londres con Karl Pearson.

En 1932, Georgescu-Roegen regresó a Rumanía, y llegó a ser profesor de estadística en la Universidad de Bucarest. Mantuvo esta plaza hasta 1946.3 Fue profesor en la Universidad Vanderbiltdesde 1950 hasta 1976.

Georgescu-Roegen introdujo en la economía, entre otros, el concepto de entropía desde la termodinámica (cuando distinguió de la fundación mecanicista de la economía neoclásica dibujada desde la física newtoniana) y realizó trabajos fundacionales que después desarrollaría en la economía evolucionaria. Sus trabajos contribuyeron significativamente a la bioeconomía o economía ecológica y son la base de la teoría del decrecimiento.

Fue un protegido del renombrado economista Joseph Schumpeter. Entre sus propios discípulos se incluye al importante economista ecológico Herman Daly.



Síntesis y alcance de su obra


Georgescu-Roegen criticó lo que se enseña en las facultades de economía porque simplificaban la realidad y la falsean para adecuarla a sus ecuaciones. Por ejemplo, decía que se suele suponer que el ser humano tiene un comportamiento robotizado, y que mira sólo su máximo beneficio (llamado Homo oeconomicus). 

Para él, «la economía debe ser una rama de la biología (...). Somos una de las especies biológicas de este planeta, y como tal estamos sometidos a todas las leyes que gobiernan la existencia de la vida terrestre». 

Su obra más famosa, La ley de la entropía y el proceso económico (1971), se considera obra fundacional de la economía ecológica y base de la teoría del decrecimiento económico. En esa línea continuaron otros, como su discípulo Herman Daly o Bertrand de Jouvenel.

Unió lazos entre la economía, la termodinámica y la biología, de donde surgió su bioeconomía, rama conocida posteriormente como economía ecológica. 

En síntesis, aplicó el segundo principio de la termodinámica (ley de la entropía) a la economía. Este principio dice que, en todo movimiento de energía, siempre hay una parte de la energía que se degrada y que se pierde para el aprovechamiento humano. 

Definió también un cuarto principio de la termodinámica, similar al segundo pero con la materia:

«Durante el uso de materiales, siempre hay una parte que se degrada y que es imposible de recuperar, ni con los métodos más futuristas de reciclado.»

Su conclusión más importante es que el crecimiento económico no es la solución a los problemas económicos, y es la principal causa del problema ambiental: «Es imposible un crecimiento exponencial indefinido en un medio ambiente que es finito.» 

Por ello, defendió una disminución gradual de la población hasta el nivel que pueda alimentarse con agricultura ecológica. 

También remarcó la gravedad de fabricar mercancías con alto coste ecológico. 

Decía que «las ventajas de la mecanización son incuestionables», pero «tales ventajas no dejan de tener un precio».

 Georgescu-Roegen no es contrario a la tecnología, sino que resalta la necesidad de reflexionar sobre sus aplicaciones para distribuir bien los finitos recursos del planeta, entre todas las generaciones. 

El problema es complejo, pero concluye algo extraordinariamente triste y preocupante, argumentado de forma intachable: «Todo niño nacido ahora significa una vida humana menos en el futuro. Pero también, todo automóvil Cadillac producido en cualquier momento significa menos vidas en el futuro.» 

El factor limitante no es la finita energía solar, sino los recursos naturales de nuestro planeta. Le preocupaba el poco uso industrial de la energía solar y el problema de los residuos, y propuso seriamente cerrar los ciclos de materiales, la regla de las tres erres (ecología), pero principalmente reducir el consumo de recursos: Los ciudadanos de los países ricos deben hacer conciencia acerca de los "crímenes bioeconómicos" que suponen actos como cambiar de coche o de teléfono frecuentemente, redecorar sus casas. 

Es preciso superar las modas, orientar la fabricación hacia productos de alta duración y facilitar la reparación de los bienes (no tirar unos zapatos por un cordón roto): sacar el máximo partido a todo lo que usamos. 

Georgescu-Roegen ofreció argumentos científicos para actuar siguiendo los consejos verdes, consejos para una vida lógica y ecológica y las famosas 3 erres, para aprovechar al máximo los recursos, desde los calcetines, al coche, el ordenador o un lápiz. La clave es simple: austeridad, es decir, ahorro energético y ahorro material.


«Cualquier producción necesita transformar una energía accesible en calor, y el proceso es irreversible. Es decir, la energía utilizada ya no puede servir. Extraemos, utilizamos, desechamos... y regresamos al inicio del ciclo, con la diferencia de que el nivel de energía disponible disminuyó.»


con referencias


Comments