El Bosque Protector


El Bosque Protector es una gran serie de documentales sobre la importancia de los bosques españoles, y visita el tema desde varios puntos de vista, eventualmente a otros bosques del planeta

Un gran recurso sobre la ciencia y sociología de los bosques.    Si quieres verlos en lista de YouTube aquí hay un enlace






El cambio climático


En términos geológicos el clima de la Tierra ha estado en constante cambio.

En la actualidad, las causas meramente naturales sólo pueden explicar una pequeña parte de las modificaciones climáticas de los últimos años y la mayoría de los científicos sostienen que las actividades humanas están modificando el clima de nuestro planeta En este capítulo, desde el inmenso laboratorio natural de la Antártida, a más de 12000 km de distancia de la Península Ibérica, se muestra cómo podría influir el cambio climático en los bosques ibéricos.


A ambos lados de Peñalara


Los pinares de silvestre de la Sierra de Guadarrama, son sin duda unos de los mejores bosques de esta especie en la Península Ibérica.

Sus fustes rectos y la calidad de sus maderas han hecho que estos pinos sean muy utilizados desde hace siglos para carpintería y construcción. En este capítulo se muestra de qué manera el hombre ha intervenido en las dos grandes masas de pinares que se encuentran a ambos lados de Peñalara, Valsaín, en la vertiente segoviana, y el Pinar de los Belgas en la madrileña y veremos cómo mediante una gestión adecuada han llegado hasta nuestros días. La gestión de estos pinares es un ejemplo a seguir en la compatibilidad de valores ecológicos y explotación maderera.

Estamos seguros de que si se mantienen las directrices actuales de gestión avaladas por la experiencia de más de un siglo, estos pinares además de continuar siendo productores, seguirán desempeñando su papel de bosque protector.


Tierra de pinares: un mar de pinos



La llamada Tierra de Pinares es una extensa comarca natural que se reparte entre las provincias de Ávila, Valladolid y Segovia. En ella existe desde antiguo una importante cubierta forestal integrada por pinares albares y resineros espontáneos, instalados sobre amplias extensiones arenosas que cubren muchos miles de hectáreas. A los efectos de este documental, podríamos situar su frontera meridional en los niveles basales del Sistema Central y su borde oriental en el valle del río Duratón. No obstante, en esta Tierra de Pinares, hemos incluido la comarca soriana-burgalesa, por su marcado carácter forestal que ha sabido compatibilizar durante años la producción maderera con la sostenibilidad del bosque.
La intensa actividad ordenadora en esta zona desplegada fue acompañada por un importante esfuerzo selvícola y repoblador, así como una activa campaña en defensa de la propiedad de los montes públicos, materializada en el deslinde y amojonamiento de la mayor parte de ellos. Las cuantías absoluta y relativa de la superficie ordenada total, la calidad y antigüedad de muchos de los proyectos redactados y el nivel de continuidad en el seguimiento de estas ordenaciones difícilmente encuentran parangón en ninguna otra región española. La atención preferente y continua a los aspectos sociales de estos montes ha permitido crear en la comarca un ambiente inequívocamente forestal. Todavía hoy, una parte muy importante de la población comarcal se siente vinculada a los pinares por diferentes motivos. En condiciones de escasa conflictividad social, este estado de cosas ha determinado en una bajísima incidencia de los incendios forestales, condición sine qua non para un adecuado desarrollo de la gestión forestal.



Incendios forestales: quemar el futuro



Aunque el fuego puede surgir de manera fortuita en el bosque, su manejo por el hombre de forma desafortunada, intencionada o no, se ha constituido en una de las causas más frecuentes de la destrucción de nuestros bosques. Además de relacionarlo con la tipología de las masas forestales españolas, se abordan los parámetros que se manejan en los periodos de prevención, transmitiendo cuales deben ser las pautas de comportamiento para evitar el fuego. También se explican las consecuencias de un incendio, intentando alertar al espectador de las catastróficas y en muchos casos irreparables consecuencias en las que quedan sumidas flora y fauna.


Dehesas: bosques abiertos


Las dehesas españolas en su día constituyeron grandes extensiones de bosques que el hombre fue fragmentando para convertirlas en montes ahuecados. En la actualidad ocupan cerca de 3,5 millones de hectáreas y la mayor parte de ellas se reparten por Extremadura, Andalucía, Castilla La Mancha y región occidental de Castilla León. No sólo mantienen una pujante industria agropecuaria, sino que sostienen, en algunos casos, una competitiva industria cinegética. Además, son ecosistemas, que aunque muy transformados, albergan por su estructura biotopos ideales para el mantenimiento de poblaciones estables de fauna ibérica. En este capítulo se muestra la transformación histórica que han sufrido estos bosques hasta llegar a las dehesas que hoy conocemos, cómo se gestionan, y se hará un análisis de su futuro.



Alcornocales: la última selva



Poco se sabe de la amplia y boscosa comarca hasta finales del siglo XV, iniciada la Guerra de Granada por los Reyes Católicos. Se conoce su elevado interés ganadero, hasta el punto de que los musulmanes próximos a la frontera occidental (precisamente la comarca que nos ocupa) arrendaban sus pastos a los ganaderos castellanos desde el siglo XIII. Tras la conquista castellana de Ronda en 1485, todo parece indicar que la política local de la época era dictada por intereses de las oligarquías ganaderas, tanto en las tierras recién conquistadas como en aquellas ciudades fronterizas que pertenecían a Castilla desde dos siglos antes. Diversas cuestiones así parecen confirmarlo: importancia de las transacciones comerciales, presiones contra el reparto de tierras a labradores, transformación de pastos comunales en bienes propios y pleitos por el dominio de los pastos. En este capítulo se muestra la historia de los alcornocales del sudeste español, representados con el ejemplo de El Aljibe. Todos ellos estaban abocados a su desaparición de no haber sido por el planteamiento de ordenaciones integrales que supieron favorecer la sostenibilidad de los recursos naturales, y en especial, el corcho. Hoy, gracias a esa labor, este territorio convertido en Espacio Natural Protegido, alberga la última selva jurásica del arco mediterráneo occidental.
Alcornocales: la última selva
El bosque protector

La cigüeña negra utiliza habitualmente grandes alcornoques para sacar adelante a su prole. Para evitar daños a la nidada, las labores de descorche deben tener en cuenta esta circunstancia.


Gestión de fauna: laboratorio natural



Asociada al territorio, muchas de las especies de la Península Ibérica han podido mantener su nivel de población, recuperación e incluso reintroducción gracias a las condiciones del medio y a la intervención del hombre. En muchas ocasiones ese medio ha sido manipulado por el hombre para favorecer su aclimatación, realizando mejoras que han beneficiado la relación fauna-medio. En este capítulo se pasa revista a los métodos de manejo de fauna, que han permitido que muchos de nuestros bosques alberguen poblaciones que de otro modo hubiera desaparecido y con ellas otros eslabones de la cadena trófica.


Fauna amenazada: lince ibérico


La dependencia de esta especie del bosque que habita es absoluta. En él encuentra la base de su dieta, el conejo, y la cobertura vegetal que le proporciona la seguridad para su descanso diurno y la posibilidad de resguardar a sus crías. Durante siglos, el lince ibérico habitó las zonas boscosas del centro y suroeste peninsular, compartiendo con el hombre el mismo territorio de caza. Su caza llegó a estar recompensada, no en vano, hasta hace poco más de treinta años estaba incluida en la lista de especies dañinas para la caza menor. En los años sesenta su hábitat ya se reducía tan sólo al suroeste de la Península, con una superficie aproximada de unos sesenta mil kilómetros cuadrados. En la década de los ochenta los 1000 individuos existentes se repartían por un área cinco veces mayor, que apenas llegaba a los 12000 kilómetros cuadrados. El hábitat hoy en día se reduce a una pequeña isla de Andalucía y su presencia no es segura en reductos de Portugal y Extremadura aunque sí son seguros los avistamientos en Castilla La Mancha. Desde la primera alerta dada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza en 1986, la gravedad de las alarmas no ha dejado de crecer, hasta que en 2002 se declaró al lince como una especia en "peligro crítico" de extinción. Se confía en que la cría en cautividad pueda proporcionar en unos pocos años la suficiente abundancia de ejemplares que permita ir repoblando algunas zonas propicias.


Tortosa-Beceite: la cabra montés


A caballo entre las comunidades de Aragón, Cataluña y Valencia, se encuentra uno de los enclaves más agrestes de la costa mediterránea, que hizo que sus bosques se mantuvieran durante años alejados de la codicia del hombre. A mediados del siglo XIX se hicieron las primeras visitas por parte de los ingenieros encargados del Catálogo de Montés de Utilidad Pública, y la mayoría de las cabeceras de los ríos que vierten al Ebro fueron incluidas en el mismo. En estos montes se refugian tanto hayedos como una abundantísima población de cabra hispánica, que a partir de los años 70 fue acompañada artificialmente de muflón. A lo largo del siglo XX se realizaron actuaciones repobladoras, red viaria de acceso, torres de vigilancia y planes de ordenación, para manejar el territorio. En este capítulo, se muestra sirviéndonos de los ejemplos de los puertos de Tortosa-Beceite, cómo se gestiona una comarca eminentemente forestal y su reserva de caza.


Sierra Espuña: en el límite del desierto


Representa el ejemplo paradigmático a seguir en la recuperación de zonas semiáridas castigadas por la intervención del hombre desde la antigüedad. Tras pasar muchos años, este rincón murciano, siguiendo técnicas de restauración de la cubierta vegetal muy novedosas para el momento en el que fueron realizadas, las antiguas laderas desprovistas de vegetación se convirtieron en extensos bosques que le han valido a la comarca la calificación de Parque Regional, albergando ecosistemas catalizadores de una flora que con el tiempo devolverán al lugar la verdadera esencia del bosque mediterráneo.


Celulosas: el papel del bosque


En la actualidad el 30% del área total de la tierra firme está ocupada por bosques, lo cual representa en torno a cuatro mil millones de hectáreas. De éstas, aproximadamente 1,5 millones de hectáreas están ocupadas por bosques primarios, bosques que no presentan señales de intervención humana y por lo tanto su estatus ecológico no sufre perturbación alguna. Los 2,5 millones de hectáreas restantes corresponden a bosques intervenidos en mayor o menor medida por el hombre. La deforestación, sobre todo para convertir los boques en tierras agrícolas, sigue siendo alarmante. Todos los años desaparecen unos 13 millones de hectáreas, lo que equivale decir que anualmente se arrasa casi una superficie forestal equivalente a todos los bosques arbolados españoles. Sólo las plantaciones adecuadamente realizadas, ubicadas en zonas apropiadas, ya sean con fines protectores o productores mitigan de alguna manera la tasa de deforestación. En este capítulo se muestra la singular asociación que mantiene el sector papelero y las plantaciones forestales para fabricar pasta de celulosa y papel.



Repoblaciones productoras


La preocupación en el conjunto de la sociedad española por la carencia de madera, bien en cantidad en relación con aplicaciones tecnológicas concretas, suficientes en relación con las necesidades de la industria y con las nuevas tecnologías de transformación, se empieza a manifestar a partir de 1900 y especialmente desde foros ajenos a la Administración Foresta, ocupada ésta en esa fecha en consolidar la defensa de los montes de utilidad pública y en la corrección hidrológico-forestal. Hasta 1919, fecha de un Congreso Nacional de Ingeniería, se van asentando los estudios sobre ensayos con especies exóticas, introducidas en España por iniciativas privadas, se van analizando las dificultades de la financiación y, consecuentemente, se plantea el debate sobre quién tiene que tener la iniciativa en este campo. Aunque este tema suscita en muchos foros controversia, en este capítulo se aborda la temática de las repoblaciones de nuestros montes cuyo único interés es el productivo.




Sierra de María: un oasis en el desierto


La Sierra de María, en la comarca de los Vélez, desde tiempos de la Reconquista fue un lugar deseado no sólo por su situación estratégica como tierra de frontera entre los reinos musulmán y cristiano, sino también por su riqueza forestal y faunística. Durante el siglo XX, en estos parajes tuvo lugar una actuación forestal de primer orden, que no se limitó a la restauración de la cubierta forestal, sino que acometió una de las correcciones hidrológicas más importantes de la España Seca, en unos suelos tan inestables como los de esta zona. Casi un siglo después, la restauración de esa cubierta está dando sus frutos, ya que especies que habían desaparecido, vuelven a recuperar el lugar perdido, gracias a la formación de suelo. Ante esta recuperación, se observa el declive de una especie propia de las cumbres de terrenos calizos, el pino laricio. Durante los últimos decenios, la regresión del laricio en las cotas más bajas, puede ser interpretada como un indicador del cambio climático, si cabe más acentuado en esta provincia.


Cazorla: madera y hombre


Extensos pinares cubren las sierras de Jaén en Segura y Cazorla. Su presencia desde tiempos remotos ha permitido que el hombre conviva simbólicamente con el pinar, recogiendo de él los frutos que atesora y que lentamente aporta. La renta persistente ha sido la máxima que se ha seguido en estos montes, intentado asegurar el aprovechamiento manteniendo el equilibrio del monte. Con este capítulo se desea mostrar la recuperación de unos montes que en un determinado momento "ofrecieron" sus productos a la construcción naval a través del Real Negociado de Maderas de Sevilla y con la administración de la Marina, pagaron un alto tributo a su permanencia. Hoy los pinos salgareños y los laricios se encargan de mantener un bosque antaño esquilmado, mostrándonos un ejemplo claro de formación de bosques como miembros naturales de la vegetación mediterránea, reivindicando así un lugar en este tipo de ecosistemas.


Pirineos: aludes y torrentes


Las montañas pirenaicas se hacen intransitables durante el invierno a consecuencia de los aludes, y con la primavera llegan los deshielos que desbordan los torrentes causando desolación allí donde materializan sus efectos. Las regionales mediterráneas tampoco presentan un panorama mejor; las lluvias torrenciales, ligadas en su mayoría al fenómeno que se conoce como gota fría, ocasionan inundaciones con los consiguientes aterramientos y efectos indeseables en todo el recorrido natural de las aguas de avenida. La cubierta vegetal, sobre todo el bosque de montaña, representa un elemento estabilizador de la cuenca ante los mecanismos torrenciales; pues contribuye tanto a incrementar la infiltración, como a disminuir la velocidad de la lámina de escurrido superficial y, además, favorece el flujo sub-superficial del agua en los períodos de precipitaciones abundantes. En síntesis, es el regulador natural por excelencia de los recursos hídricos. A estos aspectos hay que añadir su gran capacidad para defender al suelo contra los fenómenos erosivos; tanto del impacto de las gotas de lluvia sobre el terreno, como de los derivados del arrastre de las partículas de suelo disgregadas por los flujos de escorrentía. En este documental se aborda la singularidad de las restauraciones hidrológicas de montaña, prestando atención al macizo pirenaico por las dificultades que entraña su restauración, y por la dinámica que presentan algunos de sus torrentes que desgraciadamente en ocasiones han llenado de luto decenas de hogares.


Pinsapo: el abeto que se quedó en el Sur


En este capítulo, se rememoran las tres expediciones botánicas que se realizaron a los enclaves de los pinsapares. La primera, la que realizó E. Boissier en 1837, y que supuso el descubrimiento de una nueva especie para la ciencia, en esta ocasión en territorio español. La segunda fue realizada por los ingenieros de Montes españoles Luis Ceballos Fernández de Córdoba y Manuel Martín Bolaños, en 1928, y la tercera en 1946, por el también Ingeniero de Montes Santiago Sánchez Cózar. Estas dos últimas expediciones en el Rif marroquí, en los montes Magó y Trazaot, respectivamente. Sus descubrimientos permitieron ubicar a los abetos rifleños como variedades del pinsapo andaluz. La emoción vivida del descubrimiento vivida por estos últimos, no es muy difícil de imaginar, ya que por entonces, la totalidad de las coníferas del arco mediterráneo estaban ya descritas. Fueron unos privilegiados, que recibieron la recompensa de un hallazgo, un árbol, una conífera anclada en un pasado muy lejano, pero con una identidad muy reciente.


El bosque tropical: un paraíso en peligro


Haciendo uso de la historia forestal de los primeros viajes al Nuevo Mundo, y de la más reciente perteneciente al siglo XIX tanto en Cuba como en Filipinas, junto a las explotaciones forestales en Guinea Continental, se aborda un tema, que aunque se sale de nuestras fronteras, incide en la temática medioambiental de todo el mundo, que es la conservación del bosque tropical. Factores económicos, políticos, sociales y las inadecuadas técnicas de explotación (quema, tumba y rasa) ponen en peligro el mantenimiento de estos ecosistemas a corto plazo.


Canarias: monumento natural


Al comenzar la colonización de las Islas se inicia una etapa de carácter esencialmente destructivo de la vegetación natural. Sus causas se encuentran en la formación de núcleos de población que constituyen en demandantes de madera para la construcción, y de la leña para la producción de carbón y las calderas de refino de los ingenios de azúcar, la roturación de terrenos para cultivos ordinarios, y la explotación industrial de la pez o brea. El cultivo de la caña de azúcar trajo consigo la destrucción prácticamente total del bosque y matorral termófilos, de forma directa, y a su vez supuso un importante impacto para el fayal-brezal y la laurisilva, no sólo por la roturación para cultivo, sino porque su madera era el combustible para las calderas de refino de los ingenieros. Las dificultades para recuperar el bosque original hicieron que fuera el pino canario el elegido para emprender una repoblación capaz de volver a fijar suelo y recuperar lugares degradados. En este capítulo se muestran cuales fueron las bases científicas que justificaron la actuación y cual es la situación forestal del archipiélago canario, donde en ocasiones las condiciones climáticas o edáficas impiden realizar tareas de restauración vegetal.


Comments