Máximo Sandín

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Máximo Sandín era (hasta el 2009) Doctor en Ciencias Biólogicas y en Bioantropología, y ejercitaba como profesor de Evolución Humana y Ecología en el Departamento de Biología de la Universidad Autonoma de Madrid. 

Según él, el darwinismo se ha convertido en una especie de religión, en una justificación del sistema económico vigente. La teoría de "La Selección Natural" por la cual los más fuertes son los más aptos y los únicos que deben sobrevivir, justifica la creencia de que debemos vivir constantemente en competencia. Para Sandín, la naturaleza es algo de una enorme armonía donde no hay basura en los genomas ni virus o bacterias asesinos.






Maximo Sandín vs. Darwin: El Origen del Darwinismo

Fue necesario mucho poder, mucha capacidad para controlar las instituciones científicas, para instaurar el darwinismo y es necesario mucho poder para mantenerlo. 
Las pocas personas que constituyen el verdadero poder, que son las mismas que controlan las fuentes de energía, las multinacionales farmacéuticas y biotecnológicas, tienen un gran interés en que se mantenga la concepción darwinista de la realidad"


De Ayllukuna a la Teoría de Sistemas

Cuidando la Madre Naturaleza

Máximo Sandín, 2010


Se ha dicho a veces, como lo ha hecho observar Macnamara, que el hombre puede soportar impunemente las diferencias más grandes de clima y otros cambios distintos; mas esto es sólo cierto para los pueblos civilizados. El hombre en el estado salvaje parece, bajo este respecto, casi tan susceptible como sus más cercanos vecinos, los monos antropoides, que nunca viven mucho si se les saca de su país natal.

Charles Darwin. “El origen del Hombre”. (Pag.268).



La atribución de la condición de “inferiores” a personas o pueblos sojuzgados ha existido a lo largo de la historia de la Humanidad desde el surgimiento de las relaciones de dominación como consecuencia del nacimiento de las culturas sedentarias y militarizadas. 


Parece que una coartada muy utilizada para justificar la explotación y la opresión ha sido la “bestialización” de las víctimas. Un vergonzoso ejemplo de esta actitud lo representa el conocido como “La junta de Valladolid”, en 1550, en la que tuvo lugar un acalorado debate sobre si los indígenas americanos eran o no seres inferiores y que terminó sin una resolución final.



Pero la elevación de esta aberración a la categoría de ciencia tuvo lugar con la implantación del darwinismo como descripción científica de la realidad. 


En su segunda “gran obra” El origen del Hombre, Charles Darwin incorpora todos los más sórdidos prejuicios de la clase social a la que pertenecía a la naturaleza humana, justificando las diferencias sociales o culturales como un resultado de su gran “hallazgo científico”: la selección “natural”. 


El arraigo de estas ideas se pone de manifiesto en los textos sobre evolución humana de los científicos darwinistas. 


Las “sustituciones” (extinciones) de unos “homínidos” por otros en función de una supuesta superioridad se justifica, a veces, mediante los argumentos más rocambolescos: Los neandertales, macizos y bien musculados, probablemente tenían unos dedos demasiado gruesos para hacer uso efectivo de tecnología avanzada de la Edad de Piedra o para realizar tareas de destreza como grabar. /.../ Esto da peso a la idea de que los humanos modernos recientes sustituyeron a los neandertales por su superior uso del mismo tipo de herramientas. /.../ Así, aunque los neandertales pudieron probablemente fabricar y usar herramientas complejas, no pudieron hacerlo muy a menudo o muy cuidadosamente, (?) y no fueron capaces de tareas mas sofisticadas como grabar o pintar, que fueron desarrolladas por los humanos modernos. (Clarke, 2001).



Esta concepción se ha extendido por el imaginario colectivo bien nutrida por las “investigaciones” que, desde el Siglo XIX, nos han aportado los científicos que acompañaron a la expansión colonial europea, que han mostrado a los pueblos“primitivos”, especialmente a los de cultura cazadora-recolectora, como poco menos que mendigos desarrapados y brutales buscando permanentemente algo que comer. 


Y en muchos casos, las pruebas de sus aseveraciones las han fabricado ellos mismos. 

El contacto de los hombres “civilizados” con pueblos “salvajes” ha tenido siempre consecuencias desastrosas para los segundos. 

Incluso en situaciones no dirigidas por el ánimo de conquista, el descubrimiento de las tecnologías occidentales y del poder que les conferían y el deslumbramiento por los “regalos”, en el mejor de los casos baratijas y en el peor, armas o bebidas alcohólicas, han convertido a muchos grupos humanos en poblaciones desculturizadas, dependientes y con escasa autoestima.



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